Pump up the volume
acerca de la exposición Realidad Amplificada en la Casa de Francia
 

Es innegablemente irónico querer amplificar los sonidos de la Ciudad de México, cuando sería más bien bajar su volumen lo que uno a menudo desearía ardientemente. Y hablo aquí como originario de Europa, donde es cierto que el vecino espera por lo general a que den las diez de la noche — ley obliga — para mandarle a uno a la tropa cuando considera que se ha rebasado el nivel autorizado de decibeles. En la Ciudad de México, por el contrario, es poco frecuente que alguien se queje de que una cumbia intempestiva suene sin ningún complejo a las 3, 4 ó 5 de la madrugada. Digamos que aquí el ruido no parece incomodar demasiado. Aprovechando este contexto, no nos sorprenderá ver a un ingeniero de sonido y a un videasta apasionado por los bpm y otra estridencia, conchabarse para sacarle partido a una calle mexicana que rara vez se está quieta.

 La colaboración de Félix Blume y Jérôme Fino empezó hace poco más de un año, cuando realizaron escuchas piratas en el marco del festival Sonic Protest, organizado del 2 al 12 de abril de 2015 en diferentes lugares de la capital francesa. Digamos que después de escuchar mucho detrás de las puertas, casi siempre de noche, Blume y Fino decidieron esta vez operar a la luz del día y compartir, primero con los transeúntes y ahora con el público de la Casa de Francia, el fruto de su captura de sonidos. Así pues, un cartel con la leyenda “escucha aquí”, colocado en el Zócalo o en la calle de Madero, invita al peatón a ponerse unos audífonos para escuchar lo que los micrófonos, colocados bajo el agua de las fuentes o en placas de metal, y que el paso de vehículos o de simples transeúntes hacen vibrar y resonar, restituyen de su captación.

Si existe una palabra, de esas que el arte contemporáneo usa y de las que abusa, que traduce bien un aspecto de esta Realidad Amplificada y más generalmente del trabajo que estos dos cuates realizan juntos, es la de interactividad. Blume y Fino, fina flor del arte sonoro, se abrevan de sonidos y con ellos nutren a quienes comparten esta pasión. Sin embargo, su práctica no funciona en sentido único y una de sus propuestas, “Plug libre”, pone a disposición de quien quiera un sistema de audio al cual conectar su teléfono para difundir su propia música en el espacio público. 

A principios de los años 80, en 1981 para ser más exactos, un comercial se repite en serie en la televisión francesa: se ve ahí a una pandilla de conejos mecánicos tocando el tambor y uno de ellos aguanta cinco veces más que los otros. ¿Cuál es su secreto? ¡La pila alcalina que lo alimenta!

Artistas de la generación Duracell, Fino y Blume no pudieron quedar indiferentes ante el pequeño negocio de Doña Tevita quien, sentada a pleno sol en la calle de Moneda, les da incansablemente cuerda a los descendientes rústicos Made in China del conejito de la pequeña infancia de los artistas.

Michel Blancsubé

4 de mayo de 2016

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Foto de la exposición Realidad Amplificada