Entrevista en “El Ciudadano” (Chile) : Félix Blume, artista sonoro franco-mexicano, participa de la 12ª versión del Festival Tsonami con un proyecto que investiga a las “sapos” de micros de Valparaíso.

ENTREVISTA Félix Blume / El Ciudadano / Diciembre 2018
“LOS GESTOS HUMANOS QUE SOBREVIVEN A UN SISTEMA DIGITALIZADO SON ACTOS DE RESISTENCIA”

Félix Blume, artista sonoro franco-mexicano, participa de la 12ª versión del Festival Tsonami con un proyecto que investiga a las “sapos” de micros de Valparaíso.
Por Isabella Gallaz Ulloa y Francisca Mayorga Calaf.
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Por estos días, variados artistas, investigadores y curadores internacionales y nacionales se encuentran agrupados en Valparaiso por motivo del 12ª Festival de Arte Sonoro Tsonami, que realizará sus actividades entre el 3 y el 9 de diciembre.

Una de ellos es Félix Blume, sonidista nomade que se mueve por diversos territorios del mundo registrando situaciones ocultas o lo suficientemente comunes como para perderse en la marea sonora.

“Por lo general, me acerco a comunidades que no son visibles o que uno no nota, gente que está ahí, pero que tiende a pasar desapercibida en su entorno o en las ciudades”, explica.

– Cuando participaste en el Festival Tsonami 2O15, trabajaste con un grupo de personas ciegas. Ahora estás investigando a los sapos de micros. ¿Como llegas a conocer y a interesarte por este oficio?

– Ese año viajé par primera vez a Valparaíso y también trabajé con personas ciegas. Esta es la quinta vez que visito la ciudad, y he aprendido a conocerla y a escucharla. El 2017, durante el proyecto A Media Voz, volví a colaborar con un grupo de ciegos, y una de las propuestas fue grabar sonidos representativas de la ciudad. Nora, una de las participantes, me llevó a grabar a Andrés, un sapo de micro, a la altura del Reloj de Flores de Viña. Ya los había notado en las paraderos, más que nada porque ayudan a los pasajeros quo la necesitan, como pueden ser las personas ciegas, y son puntos de referencia sonora para ellos, por la forma en que dan la información.

La mayoría de las indicaciones del transporte son visuales y en muchos lugares están automatizadas, por eso me gustó la idea de dar a conocer estos personajes misteriosos, figuras típicas que son importantes para la identidad sonora de la ciudad. Lo sonoro fue un punto de partida, un pretexto para acercarme a ellos, con la idea de escuchar lo que me pudiesen contar, entender su función, su trabajo. Paralelamente a su grito, me llamaron la atención sus apuntes, una sucesión de números escritos en un cuaderno. En la época digital en que vivimos, las apuntes a mano son perlas rares, buscando la poética de una información efímera que pierde su valor después de unos minutos.

– En tus proyectos investigas los contextos de comunidades especificas, ¿cómo se da el acercamiento a estas realidades desde la grabación de campo?

– La escucha está al centro de mi trabajo, tanto técnico como artístico. Intento dejarme llevar por los sonidos para investigar eventos, lugares, fenómenos. El comienzo, generalmente, es sonoro, pero rápidamente se vuelve un aspecto dentro de muchos. Procuro tener esta postura del científico o del antropólogo, llevando una investigación la más precisa posible, pero sin tener ningún otro conocimiento más que el relacionado al sonido. Me dejo guiar por los sentidos, muchas veces sin tener un objeto de trabajo determinado, y que va definiéndose durante el proceso.

– Al trabajar con personas más que con objetos, posicionas el relato sonoro al servicio do sus historias y estilos de vida, ¿de qué manera utilizas tu formación como ingeniero de sonido para cine y documental en ese proceso?

– Mi conocimiento de la parte técnica me permite resolver muy rápidamente la forma de grabar, conociendo los límites, para poder enfocarme más en la relación con las personas que en el proyecto en si mismo. La técnica está al servicio de un proyecto, e intento que desaparezca, ser un medio entre lo que estoy grabando y el visitante del proyecto final.

Por otra lado, trato de no poner un límite entre el trabajo de ingeniero y el de artista, muchas veces he hecho grabaciones para cine que después he usado en piezas sonoras. Me gusta la noción de sonidista que lo describe como la persona que trabaja con el sonido como un material. Cuando un pintor trabaja con pintura, ya sea de la fachada de una casa o de un cuadro abstracto, sigue siendo un pintor. Como sonidista, trato de compartir una escucha del mundo que sea diferente, hacer que la gente escuche su entorno de otra manera.

– Su oficio les exige a los sapos tener un conocimiento amplio del espacio urbano y sus dinámicas, ¿se da do forma similar en tu trabajo?

– En mi caso, el acercamiento a un contexto es diferente, incluso opuesto, llegando con poco conocimiento, pero con mucha curiosidad. En mi posición de extranjero, tengo derecho a ser distinto, a tener aparatos extraños, y a pasar mucho tiempo investigando algo sin que se entienda bien lo que es… y yo también lo voy descubriendo poco a poco. En las escuelas de cine, enseñan a pensar antes de actuar, a saber qué decir y cómo contarlo antes de empezar el rodaje. Me tardé años en quitarme esa práctica: llegar sin saber, descubrir al hacer, investigar estando ahí y dejarse llevar por lo que uno siente más que por lo que uno sabe.

– Para el festival estás preparando una instalación basada en los gritos do los sapos y en las anotaciones do sus cuadernos, ¿cuál es el tratamiento que le das a cada material y cómo se genera el cruce entre ellos?

– En mi trabajo intento ser un intermediario entre una realidad y el público. No busco que se valore la que hago, sino más bien la realidad que grabé, y lo ideal sería que, después de ver esta instalación, uno pueda escuchar a los sapos con un oído nuevo. Le doy poco tratamiento al material que genero, pero, al llevarlo al espacio de la galería, propongo una nueva lectura, un enfoque diferente.

Se escucharán nueve “sapos de micros” de forma simultánea, mediante una instalación sonora con nueve parlantes. A las grabaciones añadí voces de quienes podrían ser los usuarios, habitantes de la ciudad, que van diciendo el número de las líneas de buses. Estos números son referencias que pierden interés al estar fuera del contexto, pero la voz nos cuenta mucho sobre la persona y puede despertar un imaginario: el de las líneas de buses y sus destinos, el de las pasajeros que viajan al mismo tiempo en la ciudad.

Los apuntes de las sapos vienen a completar la información sonora, representando, a su manera, el mismo flujo de pasajeros. En este caso, la escritura también nos dice más sobre la persona que sobre los datos obsoletos que entrega. Estos gestos humanos, que sobreviven en un sistema global informatizado y digitalizado, me parecen muy interesantes y actos de resistencia en sí mismos.

El Ciudadano Dec 2018 1

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